lunes, 10 de octubre de 2016

Diario de un Noctámbulo 9 - Reencuentro y despedida

Nos dimos cita en el parque que nos vio robarnos sonrisas algunos años atrás. La tarde era un poco fría y los árboles desprendían sus anaranjadas y amarillas hojas. Fue una tarde fría de otoño en la que nuestra historia tuvo su final inminente. Tus ojos  claros no brillaban de igual manera que otras veces, tus labios no provocaban mi delirio y tus manos escondidas en tu abrigo indicaban la negativa a las mías. El silencio domino los primeros minutos de nuestro encuentro, y después de un cruce de miradas, comenzaste con la fatídica despedida.

Hablamos del pasado nostálgico en el que todo era fácil y hermoso, también comentaste los tiempos difíciles en los que estuvimos el uno para el otro. Comenté lo importante que fuiste en mi vida, y los cambios positivos que logre a tu lado... Poco a poco la plática derivó en quejas y arrepentimientos, culpas y tristeza. Comenté con ella mi analogía de "la ardilla y el ave", cómo era lógico uso mi analogía en mi contra, diciendo que un ave puede vivir en el suelo, siempre y cuando alguien la haga sentirse en el cielo con detalles, esa siempre fue una de sus cualidades. Yo no tuve más remedio que llevar la conversación al motivo que nos llevó hasta ese instante.

- ¿Cuando fue que tocamos fondo en nuestra relación?- dije mientras las primeras lágrimas silenciosas recorrían mis mejillas.

Después de unos minutos de silencio ella contestó.
-  no lo sé, de un día a otro nada fue como en un principio. Y aunque luche para volver a los días fáciles, no lo logré. - su mirada se clavó en el piso.

En ese instante pose mi mano sobre su cabeza y tratando de no quebrar mi voz, le dije.
- será mejor que lo dejemos aquí. Te mereces algo mejor que ser infeliz… ambos nos merecemos algo mejor. - y con lágrimas cayendo de mis ojos traté de recitar partes del poema inicial de Yayo González (Paté de Fuá) en la canción, "sin razón ni despedida".

"Quedaremos en la herida que dejó el último abrazo, y en el vino, que en los vasos sabe a rumbo y despedida. Y Llevaremos la pesada carga de los sentimientos, cómo lágrima en el viento, como sombra en la mirada. Tanto hay que decir, que nada nos diremos por si acaso, y a la luz de un triste ocaso, simulando fortaleza, marcharemos con tristeza en cada uno de los pasos".

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Mientras el sol se ocultaba ella dejaba el parque con lágrimas en los ojos. Yo por mi parte, encendí un cigarro y lloré en silencio en la banca más alejada del parque.

- Noctámbulo

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